Seguía sin entender dónde estaba el placer en los libros. Por qué seguía habiendo personas que en sus ratos libres leía, o incluso, pensaban. Qué hacían cuestionando tanto a la vida. Estamos aquí porque estamos, y somos así porque somos. ¿No es obvio? ¿No es sencillo? Difícil lo hacen ellos fingiendo ser diferentes. Difícil lo hacen ellos sin amor...
Así empezaba la crítica a mi alma corrupta, ingenua e ignorante. Así empezaba mi nueva yo,viendo las cosas desde el punto de vista fácil. Donde lo blanco era blanco y lo negro era negro. Donde no habían grises de por medio. Pero entonces empecé a sentir,como todos los mortales,y me di cuenta de que ahí no habían ni explicaciones difíciles. Que sólo existías tú.Y entonces pasó. Pasó la magia. Porque la magia pasa y pasa. Porque es así, porque no hay más vueltas. Pasó un silencio. Pasó un trueno. No había murmullos, los puntos intermedios son para los débiles, para los grises, para los vagos incoherentes o demasiado pensadores.
Prefería seguir pensando en el negro de la noche y el blanco de la nieve, sin darme cuenta de todos los colores que perdía entre medias. Quizá era eso lo que buscaban todos entre páginas. Colores. Pero para qué necesitaba yo colores si ya tenía el rojo rubor de tus mejillas y el verde de tus ojos.
Escrito en común.