Yo le llamaba 'la magia de vivir', o de morir un poco menos.
música
viernes, 28 de febrero de 2014
Él y... ella.
Las paredes de su ciudad tatuadas con nombres y fechas de constantes adolescentes estúpidos. Pintadas en un puente, en algún edificio público, también en coches de policía e incluso; bancos del paseo, garabatos incrustados fuertemente con pintura imborrable en aquellos lugares, y en su corazón, a fuego, llevaba todas las noches con ella.
Aquello sí que era imborrable. Aquello sí que era bonito. Ella. Ella. Tenerla le había costado más que cualquier palacio o maravilla del mundo. Sentirla a su lado besando su espalda era mejor que cualquier bien físico o material. Ver cómo anochecía, juntos, era incluso mejor que las mejores vacaciones a solas en las costas caribeñas.
Ella. Ella. Ella era la que hacía que todo fuera fabuloso. Su voz le encantaba. Sus ojos cuando brillaban gracias al maravilloso sol de marzo, también. Su risa tonta y floja. Sus manías. Sus 'te adoro' repetitivamente. Sus huellas por la playa cuando caminaba descalza unos pasos antes que él... Y una amplia lista de cosas que jamás pudo olvidar.
Y verano se acercaba, pero sus sentimientos tenían la temperatura invernal, infernal, de pleno enero nevado en Canadá.
Sus manos congeladas.
Había decidido quemar toda aquella correspondencia, leer que cada carta, cada postal, cada tarjeta... terminaba con un "te quiero, cariño: pronto juntos de nuevo" iba a acabar matándolo.
La chica, tirada en el sofá de su apartamento volvió a invocar lluvia en sus ojos. Aquello se notaba tan solo. Tan abandonado. Faltaba él jugando y gritando cuando perdía algún videojuego. Ya no estaban sus camisas viejas que ella se ponía para dormir. Sus 'buenos días reina, aquí está tu desayuno' mientras le besaba. Sus zapatos desordenados bajo la cama y su desorden en la parte izquierda de la cama. Él. Él. Volvía a faltarle.
En otra parte de la ciudad. Oscurece. Un pañuelo de tela rosado con el olor de ella impregnado entremetido en el sofá.
Al oeste. Más de noche aún. Como echándole de menos. Aquella tela vieja que usaba él siempre de pulsera.
Y los dos, con 'su canción' sonando de fondo, mirando el teléfono, como esperando una llamada. Como queriendo llamar.
Como decidiendo olvidarse...
Y adiós.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Solo una historia más
No era la primera vez que a Eva se le apagaba el sol de camino a casa.
Esta vez se trataba de un anochecer distinto.
Cerró la puerta de casa sigilosamente para evitar que su madre se percatara del desastre de niña que criaba. Pasó al baño e hizo aparecer unas terribles cuchillas en sus manos que apretaba con fuerza. Anteriormente habían estado escondidas en un doble fondo que la joven creó para la ocasión.
Sus muñecas comenzaron a sangrar mientras eran agredidas por las finas hojas de aquel instrumento. Le escocían más los números que la báscula marcaba que aquellas estúpidas y malditas heridas de su antebrazo zurdo. Diecisiete años regidos por aquel cristal.
Una voz le cortó el llanto:
- Eva, ¿otro espejo roto?
- estoy bien, mamá - mintió
- tenemos que volver a la clínica, sabes perfectament... - no dejó acabar a la adulta y la cría rechistó a voces que jamás volvería allí, que estaba cansada de que la tratasen como a una loca. Volvió a adentrarse en el servicio y tras sus sueños, su vida y ella; murieron desangradas en la bañera.
Aquella noche no fue tan larga como pensaba.
martes, 18 de febrero de 2014
CAPÍTULO 27
*Narrado por ________*
Me había quedado dormida mirando al techo y llorando la pérdida de mi otra mitad desde hacía ya un par de semanas aproximadamente.
Un terrible ruido patrocinado por las agujas del reloj empezó a adentrar en mi cabeza. Qué incómodo resultaba.
Un par de sandalias de caballero habían aterrizado en mi balcón. Me asomé temiendo que me fuera a caer una tercera a la cabeza y miré hacia arriba pensando en el desarmado del vecino. Un grito cercano:
- ¡Eh, aquí abajo, que son mías! - no puede ser, otra vez ese chico del bar.
- este es tonto - pensé en voz alta de manera inconsciente. ¡Menos mal que no pudo escucharme!
- bueno preciosa, ¿me las bajas? - me interrumpió.
Entonces volví a mantener mi monólogo interior y el nombre de Ízan resurgió por enésima vez. ¿Le bajaba el calzado? No. Yo no era tan simpática. Se las devolví utilizando el mismo camino que él para subirlas. Una le cayó en la cabeza. Solté una risilla traviesa y gritó.
El pobre.
- ¡gracias, maja! - sin duda se trataba de sarcasmo.
II
Queda terminantemente prohibido partir más corazones que caras y pegar hostias si te faltan los cojones para levantarte luego. Te voy a hacer prometer que nunca dirás un NO rotundo y que siempre intentarás ver el lado bueno de las cosas. Por muy negro que esté todo. Por muy solo que te quedes.
Nunca dirás que quieres más a un conocido que a un amigo y por favor, deja de fiarte de tantos lobos. Que no son corderos, joder.
Más de lo mismo.
Quédate con quien te haga olvidar lo tarde que es y lo lejos que estás de casa, con quien te busque cosquillas y te saque las sonrisas más absurdas en menos de dos segundos, con quien te enseñe a quererte con tus defectos y a amar a otros, con quien sientas que no puedes si se va, con quien tus malos días desaparezcan. O bueno, quédate conmigo.
¡Que se enteren todos!
Ya puedes contarle a todos esos metomentodo que me he hostiado por tu culpa, que dejamos de vernos, de querernos, si ni nos perdíamos, ni nos hacíamos caos. Acabamos en tragedia y con deudas de 'para siempre' de por vida. Te debo un par de sonrisas y tú a mí todas las noches que pasé sin dormir por pensarte, "por llorarte". Cuéntales la de veces que nos empapamos por querer besarnos bajo la lluvia y hacer de ese desastre que éramos una película. Diles todas las veces que me hiciste replantearme el por qué no podíamos estar todos los días durmiendo juntos. Abrazados. Cuéntales todo, ¡cuéntaselo!
Tampoco fue tan horrible si te paras y lo piensas. Vivir engañada no era tan malo, si total, gracias a ti también engañé a mis complejos e inseguridades. Contigo el miedo se iba y la vida parecía menos puta.
Tal vez fuimos 'uno más' el uno para el otro. Pero al menos fuimos.
domingo, 16 de febrero de 2014
Confesiones.
Me cago en la puta, ni que hablar de desamor, odio, sonrisas falsas y drama nos hiciera ganar dinero. ¿Por qué demonios no se abandona el tema?. Los temas...
Adolescentes rotos y suicidas que caen por los complejos, por estos mismos discursitos, por la inexistencia de amor propio, por no ser amados y por no haber aprendido nunca a amar, o haber amado demasiado.
A estas alturas confieso, que quise darlo todo y apenas llegué al mínimo, que quise hacerme fuerte y no pude, que quise irme de aquí y no tuve suerte, que quise que mis diablos se fueran para siempre, que quise tener días de felicidad absoluta, que quise... ¡que te quise!
Las confesiones nunca se acaban, siempre tenemos algo que contar, algo con lo que obsesionarnos y algo que nos reconcome. Y a pesar de que estas no tienen fin he osado hacer una, ya veremos si me acaban matando todas estas cosas, o si por fin consigo alguna: a ti, por ejemplo.
jueves, 13 de febrero de 2014
Invierno éramos nosotros separados.
Hacernos ruina, o mejor, poesía. Quitarnos de toda rutina existente entre ambos, huir un día del mundo contigo y otro callar a malas y acatar las normas del 'sin ti'.
Hagámonos cachos si total con cada beso me recomponías dos veces.
Invierno éramos nosotros separados y a todos mis febreros les faltabas tú.
Volvíamos a estar locos, eran pocos los cuerdos si de amor se trataba.
Canciones tatuadas que llevaban tu nombre como título. Ganas de llorar que espantaban. ¿Virtud o defecto eso de decir 'te quiero'?
Volvamos a ser. Volvamos a volver.
Volvamos a querer.