Fuimos como las personas que suelen ser.
Esas que van y vienen.
Se enamoran.
Y por el camino se entretienen.
Y nos quisimos como nunca.
Y nos matamos como siempre.
Aunque aquella vez tampoco importó.
Entonces me dijo que me quedase una noche más y bajé las persianas para que no volviera a hacerse de día.