Las paredes de su ciudad tatuadas con nombres y fechas de constantes adolescentes estúpidos. Pintadas en un puente, en algún edificio público, también en coches de policía e incluso; bancos del paseo, garabatos incrustados fuertemente con pintura imborrable en aquellos lugares, y en su corazón, a fuego, llevaba todas las noches con ella.
Aquello sí que era imborrable. Aquello sí que era bonito. Ella. Ella. Tenerla le había costado más que cualquier palacio o maravilla del mundo. Sentirla a su lado besando su espalda era mejor que cualquier bien físico o material. Ver cómo anochecía, juntos, era incluso mejor que las mejores vacaciones a solas en las costas caribeñas.
Ella. Ella. Ella era la que hacía que todo fuera fabuloso. Su voz le encantaba. Sus ojos cuando brillaban gracias al maravilloso sol de marzo, también. Su risa tonta y floja. Sus manías. Sus 'te adoro' repetitivamente. Sus huellas por la playa cuando caminaba descalza unos pasos antes que él... Y una amplia lista de cosas que jamás pudo olvidar.
Y verano se acercaba, pero sus sentimientos tenían la temperatura invernal, infernal, de pleno enero nevado en Canadá.
Sus manos congeladas.
Había decidido quemar toda aquella correspondencia, leer que cada carta, cada postal, cada tarjeta... terminaba con un "te quiero, cariño: pronto juntos de nuevo" iba a acabar matándolo.
La chica, tirada en el sofá de su apartamento volvió a invocar lluvia en sus ojos. Aquello se notaba tan solo. Tan abandonado. Faltaba él jugando y gritando cuando perdía algún videojuego. Ya no estaban sus camisas viejas que ella se ponía para dormir. Sus 'buenos días reina, aquí está tu desayuno' mientras le besaba. Sus zapatos desordenados bajo la cama y su desorden en la parte izquierda de la cama. Él. Él. Volvía a faltarle.
En otra parte de la ciudad. Oscurece. Un pañuelo de tela rosado con el olor de ella impregnado entremetido en el sofá.
Al oeste. Más de noche aún. Como echándole de menos. Aquella tela vieja que usaba él siempre de pulsera.
Y los dos, con 'su canción' sonando de fondo, mirando el teléfono, como esperando una llamada. Como queriendo llamar.
Como decidiendo olvidarse...
Y adiós.