música

sábado, 30 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 24.

*Narrado por ______*

Siempre estaba igual, que si preciosa, que si perfecta, que si tal, que si cual. A veces Ízan era un incordio, supongo que mi incordio. ¡Y cuánto le quería!
Es que él también era perfecto, pero yo nunca se lo decía y me callaba como una tonta, no le merecía.
Aquella cena fue genial, es tan detallista...
Cuando me dejó en la puerta de casa se despidió de mí con un beso, era un beso distinto, lo noté raro:

- Cariño, ¿te pasa algo?
- No, no, es solo que bueno... - se hacía mucho de rogar, pero seguía hablando - no es nada
- Pero ya es algo - añadí preocupada
- ¡Que te digo que no es nada relevante!
- Cálmate
- Mira, tengo que irme
Y se fue. Me sentía mal. No podía entender nada. Me fui a dormir y durante días le llamaba, le dejaba mensajes y tocaba al timbre de su casa. Mi chico no aparecía por ningún lado.
Hasta que un día recibí una llamada: Era él.
Solo me dijo "necesito un tiempo, no me llames, ni me escribas, ni me busques. Por ahora no". Y ya está, la llamada se cortó y no pude ni abrir la boca. No paraba de llorar, ¿pero por qué? ¡será cabrón! Todo este tiempo me ha estado engañando pensando que me quería cuando en realidad solo jugaba conmigo, me vacilaba y se reía de mí. Todos esos: "cariño" que me había estado diciendo y esos: "te quiero" ahora dolían más que nunca. Me había enamorado y él... Él.
Pasaron semanas. Meses. Aún no lo había superado y seguía sin tener noticias suyas. Decidí mudarme otra vez. Por supuesto me financiaban mis padres el viaje y el piso, me iba a quedar en un pueblecito con playa, bastante desconocido en el que mis padres ya se habían alojado. En dos semanas todos los trámites se habían llevado a cabo y yo ya tenía las maletas hechas de sobra. Me despedí de mis amigos aquel domingo y el lunes amanecí en mi nuevo hogar. Hogar...