Esta mañana al despertar tenía unas ganas terribles de escribir,
de escribir algo que de verdad fuera a marcarme. Porque hoy era mi día,
hoy tenía decidido demostrar a los demás que no solo se puede escribir
cuando estás hecho añicos, y que en el máximo grado de felicidad
también estás en el momento idoneo para plasmarlo en algún que otro
texto.
Y me equivoqué. Me equivoqué como siempre para variar.
Mi día empezó a empeorar desde que la vi acercarse a mí para separarme
de todo, y de todos.
Y así es. Un día tras otro encerrada en este pueblo. Encerrada en mi
habitación. Encerrada en un folio. Encerrada en mí misma. Y no tiene ni
idea de lo que duele. Ni se lo imagina.
Ingenua de mí cuando quería escribir esta mañana sin mis compañeras
Ira, Odio y Rencor. Es que hoy ya no puede ir peor. O sí. Dadme tiempo.
Al final nada me va a joder más que un día estar rebosante de simpatía
y otro hundida en mi propia mierda.