Pues sí, era un vestido precioso, pero... ¡era rosa! ¡odio el rosa! ¿qué es esto? tras la etiqueta había una nota:
''Sé que el rosa no es precisamente tu color preferido, pero te queda genial, cariño. Póntelo.
Espero que ya sepas quién soy, si aún no has caído, al final del papelito te lo desvelo'' Bajé la mirada al final de la carta y me aseguré de que era Ízan. ¡Pues claro que era él! ¿quién sino? Qué loco está. Seguí leyendo:
''Pues, esta noche tú y yo nos vamos de fiesta, a cenar. Puedes elegir la comida, pero nada de pasta, por favor, que siempre haces lo mismo. (Ja, ja, ja) A las diez paso a recogerte. ¡No tardes!
Te quiere, Ízan'' Bajo su nombre había un corazón dibujado. No recordaba a este chico tan ñoño desde... nunca. Aún quedaba bastante para salir, me puse los cascos y dudé en si volver a escribir en mi diar... libreta, libreta. Pero no. Aún no.
Ya sé: voy a leer.
La verdad, nunca me ha gustado mucho leer, pero este año me había vuelto bastante tozuda con el tema y siempre estaba erre que erre con algún relato, y si no tenía dinero para comprarme el libro que quería, ese mes entraba en el blog de unos chicos que escribían varias novelas y textos sueltos en internet. Qué bien escribían. Y escriben, claro está. No paraba de dejarles comentarios. Qué pesada soy a veces. Siempre.
A veces me autocorrijo cosas sin yo misma darme cuenta. Soy idiota.
En serio, pienso que lo soy. Aparté todo lo que tenía encima de la mesa y saqué los cuadernos y los libros: mates. Si hay algo que odio más que el color rosa, son las mates. No las entiendo. Lo peor es que las necesito para todo y por eso tengo tantos problemas con lo demás, supongo.
Ecuaciones, raíces, fracciones, recorridos, multiplicaciones, divisiones, joder. Qué bien se estaba en primaria cuando lo más complicado era sumar con llevadas. Acabé los ejercicios. ¡Ya era hora!
Aún quedaba tanto tiempo... Cogí un boli, el diario y convertí aquel cuaderno en un confesionario en cuestión de segundos.
Ya estoy aquí. Otra vez. ¿Por qué el tiempo pasa tan rápido o tan lento dependiendo de con quién estés en ese instante? ¿por qué te lo pasas mejor o peor según los demás, también? ¿Por qué nos pasamos la vida colgando de opiniones ajenas? ¿Por qué los lunes son malos y los viernes buenos? ¿Por qué el agua moja y por qué nunca entiendo a las personas a la primera? ¿por qué todos siempre parecen llevarme la contraria, por qué el mundo se descojona de mí siempre que puede o, por qué siempre se me dan peor las cosas en los que los demás destacan? ¿Y por qué los mayores quieren ser jóvenes y los jóvenes mayores si la mejor edad es la infancia? no lo entiendo. No entiendo nada.
Adiós de nuevo.
Así acababa otra página de aquel librillo que poco a poco iría completando con pensamientos, sentimientos y no con meras letras puestas al azar.
Qué tarde, debo empezar a prepararme para esta noche.