'No soy un ejemplo para nadie' y así acabamos hundidos en la miseria. Cavando nuestra propia tumba a más de diez mil metros para abajo. Enterrados en la mierda que nos echamos mutuamente encima. Más muertos que enamorados, justo como a ti te gustaba.
Los gusanos allí al fondo, ayudando al tiempo a degradar nuestros corazones y comernos hasta las entrañas.
Todas las cartas que te escribí y no te mandé. (Y mira qué bien).
Lo más falso que me topé y la canción que nunca acabé.
Las noches de acojone por si te ibas para siempre.
Desastre de persona, haz, de ese amor que fue, harapos y utilízalos para que el sepulturero se limpie las manos al acabar su trabajo.
Esto es lo último que te escribo, total, con todo lo que dejaste de ti en mí, ni de coña te olvido.
¿Sabes? Me vale.