música

martes, 2 de julio de 2013

Cambios.

Sé que la gente cambia, ¿vale? ¿pero tanto y tan de repente? Vaya, no me lo esperaba, tampoco lo quería, la verdad. Acepto que la gente cambie, en serio, es que todos lo hacemos en algún momento de nuestra vida pero, ¿por qué? Yo he cambiado, soy otra porque me han jodido, porque no han sabido valorarme y bueno yo, yo tampoco he sabido hacerlo. ¿Pero por qué la gente a la que quiero tiene que cambiar? Si yo los quiero así, como siempre, como los conocí. Geniales. Divertidos. Reales. ¿El problema? Las inseguridades que tenemos cada uno dentro de nosotros. Cambiamos de aspecto, de jerga, de actitud, de gustos... ¿y todo esto para qué? Para gustar más a los demás. A veces incluso nos pasamos, nos centramos tanto en intentar gustar a los demás que nos da igual el qué tengamos que hacer para ello pero, esto no es lo que realmente queremos, eso es mentir. Mentir a los demas. Mentirte a ti. Es un serio problema.
Cuando llegas al punto en el que la mentira ya no se sostiene más te derrumbas, te derrumbas y mueres por dentro. Te destrozas, pero la culpa es tuya. Por gilipollas. ¿En serio buscabas gustarle a los demas siendo un borrego? Eras falso, durante un tiempo se tragaron que eras uno de ellos. Luego... luego se rieron de ti, se aprovecharon de que les hacías caso y mírate. Por Dios. Estás roto. Necesitas ayuda pero, nadie te la va a dar. Estás solo. «La soledad comienza». Te jodes. Nunca has encajado, has estado rodeado de gente pero a pesar de esto te sentías solo. Ahora
buscas estar apartado de los demás, te crees que así vas a ser feliz, pero estar solo no es la solución. ¿Si estar apartado de los demas no soluciona nada y estar con cientos de personas tampoco, qué haces? Menuda mierda, eh. Pues nada. A llorar. A llorar solo como siempre. Te ha tocado.