Como dos corazones enamorados de un tercero que ya, ni late y niños esperando la merienda. Como dos manos que mueren de hipotermia porque por orgullo y sus cojones no se quieren abrazar. Como cuando no nadas porque te quieres hundir, porque ya abajo, ¿dónde vas a acabar más?
A veces también como los pájaros cautivos y las miradas frías en África y besos apasionados en Alaska, algo precipitado como el amor adolescente y la lluvia de abril. Como canciones infinitas en modo repetición, como los besos también, y como un abrazo a las últimas despedidas en los pueblos al acabar agosto. Como un niño llorando porque le quitan su juguete, o la piruleta, llorando como las nubes encima de nosotros mientras bailábamos a solas en la playa con la música en el iPod al máximo volumen. Llorando como los helados derritiéndose en el cucurucho o como mi alma cuando te vas; inundada.