música

sábado, 8 de marzo de 2014

Tú y yo, y ya.

Ya ni escribo.
Me he abandonado y perdido. Y no es bueno. Aunque escribir tampoco lo fuera demasiado. Me he dado un tiempo. Para cambiar de temas, de aires, de ideas, no sé, para cambiarme. Y es que he cambiado. O no. Tanto no. Es difícil no cambiar cuando todo lo exterior no para de hacerlo. Igual, es difícil ser tú mismo, expresarte como quieras... Hasta respirar es difícil sin ti, (sin mí...).
Vuelta a lo mismo, al 'tú y yo, y ya', al drama, a la comedia; de mi vida. Vida adolescente. Vida problemática. Mente suicida. Mente escritora. Problemas fantasmas. Complejos reales. La mierda de salir a la calle y tener que respirar el puto mismo aire que esos canallas. Y respiras un poco más, como para ahogarles, como para que todos esos estúpidos mueran asfixiados, porque no quieres compartir tus textos con ellos, ni el oxígeno, ni siquiera te quieres compartir a ti.
Y ya fuera te pierdes entre la gente, aunque solo aparentemente, porque donde de verdad te escapas es en tu cabeza, y vuelas, aprovechas que aquí puedes, entre ideas, entre olas de mágicos pensamientos que descuidados se desordenan si los fuerzas, y que se ordenan tan solo si los sientes.
A la derecha un bar donde sirven insomnio al que los humanos llaman café, pero el auténtico se prueba cuando te vas. Siempre. Ojeras de rutina. Ojeras de tus 'te quiero'. Ojeras de ti.
A la izquierda no logras mirar. No hay personas, solo seres con el pecho vacío y un fuerte ego que les gobierna enteros. Más atrás almas vagas que caminan sin rumbo, intentando escapar del ruido en pleno centro. Absurdos. Como las ofertas del chino en el que jóvenes compran alcohol para pasarlo 'en grande' este sábado bebiendo sin orden ni concierto. Y solos, como la luna de otra noche fría más allí, con los pies colgando de un puente y tu alma indecisa por saltar o no.