CAPÍTULO 6.
Ízan aceptó, y el encargado nos dio permiso para que se fuera ese día, al fin llegamos a la fiesta estuvimos hablando, bailando, y riéndonos toda la noche, pero ya eran las una de la madrugada y teníamos que irnos, se nos hacía tarde, y nos fuimos a casa, entonces me di cuenta de que justo cuando Minerva y Natalia se iban a casa juntas y Pablo y Pilar a las suyas también, Ízan se venía para mi calle, entonces le pregunté:
--¿vives por aquí? -- dije
-- Sí, en el número 76. -- me respondió.
-- ¡Qué coincidencia! yo vivo en el 74 de esta calle también -- dije entusiasmada.
-- Pues vivimos bastante cerca, pásate por casa algún día si quieres, como estoy solo, me aburro bastante -- dijo
-- Claro, ¿por qué tus padres no están contigo? -- dije intrigada.
-- Pues verás, mis padres trabajan mucho, y se fueron de viaje justo unos días después de mudarnos aquí, pero me dijeron que como ya tenía edad que en vez de viajar tanto, podía empezar a hacer amigos en algún lugar, empezar de cero, ya sabes, vivir, porque a fin y al cabo, con diecisiete años, se está bien. -- me respondió.
-- Entiendo, yo también estoy sola en casa, y pronto es mi cumpleaños, mis padres me envían regalos y dinero cada mes, pero no sé, sería mejor pasar el cumpleaños, o las fiestas en casa, con ellos. -- dije poniéndome en su lugar.
-- Bueno, aquí nos separamos, ¿no? -- dijo riéndose.
-- Sí, ha estado bien hablar con alguien que está en una situación parecida a la mía, que me entienda, ya sabes. -- dije un poco tímida.
-- Claro, igualmente, oye, ¿mañana vas al instituto? -- me preguntó
-- Pues claro, ¿y tú? -- contesté rápido.
-- Por supuesto, pero ésta vez intentaré llegar a tiempo -- volvió a reírse.
-- Claro, yo me aseguraré de poner el despertador también -- dije entre risas
-- ¿te recojo y vamos juntos? ya sabes, y hablamos por el camino, bueno, si te parece bien. -- me dijo dudando
-- Vale. -- contesté emocionada. -- ir al instituto sola es una paliza, me aburro por el camino, vale, pues te espero, ven a llamarme, ¿eh? -- y cada uno se fue a su casa.
Entré a casa, me puse el pijama y me dormí, a la mañana siguiente, sonó el despertador, marcaba las siete, me senté en el filo de la cama, se me cerraban los ojos, no podía con mi cuerpo, sólo había dormido seis horas miserables, hice la cama, me asomé a la puerta, valla, hacía frío, hoy llevaría una sudadera nueva que me había comprado, ¡por fin! ya tenía ganas de sacar mis sudaderas del armario. Antes de vestirme, desayuné unos cereales e hice la mochila, me vestí y me puse esto:
me peiné y justo tocaron al timbre
[...Continúa...]
